¿Qué hacer con el Estado?

Ayer tuve la suerte de acudir al menos una hora a la segunda sesión del simposio Federalismo y estado, organizado por el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) en la casa vitoriana de cultura Ignacio Aldecoa. Debo aclarar que me enteré de aquélla, titulada "Cataluña, Euskadi, España ¿Qué hacer con el Estado?",  por leer la prensa una hora antes de su comienzo en una cafetería, lo que me extraña recibiendo a diario la información de la intranet de la Universidad. En todo caso, llegué a tiempo para escuchar las ponencias de personas a quienes dedico estas líneas, nada menos que los prestigiosos doctores Pedro Cruz Villalón, ex-presidente del TC, y Alberto López Basaguren, de la UPV, presentados por el catedrático de Hª Contemporánea Antonio Rivera. Según el programa estaba previsto que asistiera también el que fuera ministro de Justicia Francisco Caamaño, lo que finalmente no pudo ser.

Fte.: Propia.

Aunque no es del todo decoroso resumir en un post lo que allí se dijo, quedaron claras las posturas de ambos ponentes; los dos se mostraron de acuerdo en afirmar que el federalismo, tal y como se entiende hoy en día, es un sistema de reparto de poderes y competencias que emanan del sentimiento de pertenencia a una unidad nacional de diversas unidades administrativas (estados). Es lo que garantiza cierto éxito a los USA o el propio Reino Unido, con sus pros y contras. Aplicado al caso español, las opiniones eran divergentes: si bien el jurista defendía que la actual Constitución contiene ya los principios sustanciales de reparto de poder, de una manera muy laxa entre regiones (o nacionalidades) que reclaman distintas cotas de autogestión, López Basaguren replicaba que en España no ha habido como tal federalismo (entiendo intentona a la I República, donde ni los republicanos eran mayoría y entre ellos los había federales y unitarios). Según Basaguren, no sería mala idea aplicar este sistema de conversión de nuestras autonomías en estados, donde quedase claro qué competencias son para cada cual, incluido el mismo Estado.

El broche final lo puso sin embargo un tercer ponente, a quien se trajo en sustitución de Caamaño y que si bien admitía no poderse comparar a los citados, meditó algunas conclusiones que me parecieron sustanciales y por eso traigo al final. La primera, que los estados federales tienden a la simetría, lo cual equivaldría a encorsetar por ejemplo al País Vasco a un régimen que con su Estatuto rebosa el régimen federal. La segunda, que confundir un esquema de reparto de poder con el método que se sigue para integrar "a quien no se quiere integrar" es mezclar conceptos, en tanto que quien se declare independentista rechazará por sistema cualquier fórmula de unión con el Estado. Finalmente, auguró con claridad la evidencia de que en España existen tres nacionalidades que avanzarán hacia un modelo confederal, en la que existirán tres estados unidos, uno de ellos confederal en sí mismo (el vasco), el otro federal (España), y un tercero centralista (Cataluña). Nada más placentero pues que escuchar a expertos refutar lo que ya creía anteriormente, y gran lástima no poder haber asistido a todas las ponencias que se han celebrado estos días.

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