Ciudad y perros

Texto publicado en El Día de Zamora (22-IX-2019)
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Los animales nos fascinan: desde Esopo no hemos dejado de volcar sobre ellos atributos humanos, y mucho antes los ritos religiosos hasta se los dieron divinos. Destacados ilustrados españoles escribieron deliciosas fábulas con las que instruir a la juventud, y hoy nos acompaña un movimiento animalista que hasta empatiza con las fieras. Todo esto sin embargo nos aboca también a situaciones paradójicas. Por ejemplo, en ciudades como Vitoria tenemos ya más perros que niños. La civilización  desarrolla con los canes posibilidades amorosas que difícilmente encuentra entre personas, lo que da lugar a una menor empatía y a un suicidio demográfico ya conocido.

Y sin moverse del plano municipal, capitales como Zamora deciden ahora cobrar un impuesto a los propietarios de los chuchos, donde el gasto en servicios de limpieza y mantenimiento para mascotas debe alimentarse con 9 mil euros anuales más. Paradójicamente no han sido pocas las quejas: se ve que quienes no quieren animales en pisos deben pagar los caprichos de quienes sí, y esas criaturas seguir sufriendo el desquite de algunos dueños que además de no censarlas las abandonan. Se ve que el misticismo de algunos por los animales termina donde empieza el desembolso. 

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