Que no gobierne el otro

Tras el sonado fracaso de los populares vascos (y españoles) después de las pasadas elecciones, se ha criticado al partido fundado por Fraga de dar un golpe de timón al centro, cosa, según parece, poco creíble. En Álava, el candidato a diputado general Iñaki Oyarzábal ha basado su campaña en la “moderación”, el “foralismo” y la construcción de puentes con el posible PNV ganador y un PSE crecido por el “Efecto Sánchez”.

No es que Oyarzábal sea aznarista, pero no deja de sorprender que hasta hace dos días convergiera con quienes han hecho campaña contra todo lo que se saliera del tricornio “PP-Cs-Vox”. Digo más: sorprende el fuerismo/autonomismo venido de quien puso en el Senado palos en la rueda de las transferencias pactadas entre socialistas y nacionalistas, por imperativo madrileño, y con el solo objetivo de que cualquier acuerdo que no incluyese al PP no prosperara.

Bogando por la red he podido dar con un mitin de Aznar, gurú de la derecha en esta campaña, que decía en Valladolid un año antes de presidir Castilla y León que no había mayor síntoma de fracaso de un proyecto político que basar su identidad en “que no gobierne el otro”. Personalmente no he dado con ninguna comunicación del PP, desde que coronaron a Casado, en que no se haya llamando al voto solo para que no gobiernen “separataistas, rojos, golpistas, etarras y chavistas”. Todo es uno.


Tal vez el fracaso de la derecha venga por la vía que denunció Aznar aquel año 1988, el mismo que ha orientado su partido a la división, y del que se han hecho partícipes cabezas tan importantes de la política alavesa como Maroto o Comerón. Agradezco pues su postura de hoy, con dudas de si será la de mañana, y que ha llegado ahora cuando era para ayer.

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